Gonzalo Fernández-Castaño

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Hola a todos. Hoy os escribo en el avión de vuelta a EE.UU., donde me dispongo a jugar las próximas cuatro semanas. Me da mucha pena faltar a la cita de Wentworth, el que es sin lugar a dudas, el torneo más importante del Tour Europeo.

Mis malos resultados en América me han obligado a hacer cambios de última hora en el calendario para intentar asegurar mi tarjeta en el PGA Tour el año que viene. Como sabéis, la temporada regular del circuito americano termina a finales del mes de agosto y has de estar entre los 125 mejores para poder jugar la FedEx Cup, así que me toca apretar en estos meses si quiero conseguir mi objetivo.

Y es que las últimas semanas no han sido todo lo buenas que me hubiera gustado. Venían buenos torneos y no supe aprovecharlos. Empecé en el Wells Fargo Championship fallando el corte tras vueltas de 74 y 76 golpes. Estuve otra vez muy errático desde el tee, y el campo de Quail Hollow, tras los cambios que le han hecho con vistas a albergar el US PGA del 2017, no da tregua alguna si no estás con el swing afinado al cien por cien.

Llegué al THE PLAYERS con muchas ganas de hacerlo bien tras un buen fin de semana de trabajo con Mariano Bartolomé en Doral, pero después de los dos días de entrenamiento las perspectivas no eran nada halagüeñas. El martes a última hora de la tarde, ya desesperado, decidí cambiar la varilla del driver, a ver si así cambiaba también mi suerte desde el tee. El cambio funcionó y el primer día lideré esporádicamente el torneo al acabar mi ronda matutina con un 67. El resto de la semana, seguí con la tónica habitual de los últimos meses, alternando golpes fantásticos con algunos errores garrafales. Buen ejemplo de ello fue mi ronda del sábado donde hice 5 birdies pero estropeé la tarjeta con un doble y un triple bogey, tras dos errores fatales desde el tee. Y es que al final de la semana hice 19 birdies en el TPC Sawgrass, pero por desgracia hice casi el mismo número de bogeys y sólo pude acabar la semana en -2, en un discreto puesto T38.

Tras 5 meses viviendo en EE.UU., tanto a Alicia como a mí nos apetecía mucho volver a España aprovechando que tenía que jugar el Open de España en Gerona. Fue una semana muy divertida, primero volver a jugar delante del público español, que acudió en masa al torneo e hizo de éste un Open de España inolvidable. Un Open con el mejor plantel de jugadores de la última década y ganado por uno de los jugadores más emblemáticos y queridos del Circuito Europeo, Miguel Ángel Jiménez, que parece estar viviendo una segunda juventud una vez cumplidos los cincuenta años. La RFEG y el PGA Cataluña hicieron también un gran trabajo con la presentación del campo: como el año anterior en El Saler no se ganó con un resultado muy abultado bajo par y el campo estaba preparado de manera muy justa, premiando los buenos golpes y penalizando los malos, como debe de ser.

Mi juego siguió la tónica de los últimos meses y nunca me encontré cómodo en el campo, especialmente en los greenes, a los que no llegué a coger el tranquillo en ningún momento.

Tras tanto tiempo fuera de España, nos apetecía volver a ver a amigos y compañeros del circuito, a los que echábamos mucho de menos, y es que en el PGA Tour no hay la camaradería y compañerismo que hay en Europa. Fue una semana muy entretenida, con divertidas cenas y largas sobremesas, pero la guinda del pastel fue poder ir al estadio del FC Barcelona el sábado y ver a mi Atleti ganar la liga.

Sin lugar a dudas, el día más especial de estas últimas semanas fue el pasado miércoles cuando tuve la suerte de conocer finalmente a Paula, la niña cuya ilusión queríamos hacer realidad a través del reto de Make a Wish Spain. Como recordaréis, hace unos meses decidí que por cada birdie que hiciera durante el Open, donaría 100 euros a la fundación, para que así Paula pudiera cumplir su sueño: competir en torneos internacionales de doma clásica. Tras anunciarlo en las redes sociales fueron muchos los compañeros y amigos, así como gente anónima, que se unieron a esta gran causa y finalmente logramos recaudar más de 20.000 euros, que irán destinados a cumplir el sueño de Paula y de otros muchos niños. ¡Gracias a todos!

Paula, de catorce años, transmite una energía especial. Te cuenta la historia de cómo ha superado su cáncer con una entereza encomiable. Nada borra la sonrisa de su rostro. Me encantó conocerla y poder compartir tiempo con ella.

Me da mucha rabia no poder verla competir esta semana en Madrid y devolverle el apoyo que me brindó al seguirme unos hoyos el jueves del Open. Aunque no pueda ir, le estaré mandando toda mi energía desde Miami. Si tenéis la oportunidad, no dejéis de ir este fin de semana al Club de Campo Villa de Madrid, a conocer no sólo a una gran amazona, sino a una auténtica luchadora de la que todos tenemos muchísimo que aprender a pesar de su corta edad. ¡Suerte, Paula!